El murmullo del agua

Actualizado: 6 de abr de 2020

Ángeles Carretero Casar

Un manto invisible de inconformidad me envolvía desde hacía un tiempo... Aprovechando la invitación de Mikael, mi amigo de Washington, no lo dudé ni un instante y a los pocos días, me presenté en su casa. Pasamos unos días yendo de aquí para allá, encuentros con amigos y anudando más nuestra amistad con complicidad y abriendo más nuestros corazones.

Una mañana antes de que el horizonte empezara a teñirse de púrpura me desperté y salí a la terraza a ver las estrellas y esperé hasta que el manto de tonos naranjas y fresas se desplegara en un tierno y bello amanecer. Volví a sentir como me atrapaba esa sensación de inconformidad. Necesito ir a ese lugar donde el espíritu se oye a través del silencio, pero no sabía adónde debía dirigir mis pasos. Hablé con Mikael y le abrí mi alma, le conté esa sensación de estar fuera de lugar, de estar en ninguna parte. “Conozco a un chamán que, tal vez, pueda ayudarte” me comentó Mikael, conocía mi gran afinidad y respeto por la cultura y filosofía de los nativos indios americanos.

–“Hay una reserva en Virginia y he arreglado todo para que vayas”, me dijo. Sentí esa alegría tan peculiar que precede a ese momento de saber que pronto estaría donde debería estar.

Al día siguiente, con gran nerviosismo y exaltación -y después de haber dejado mi escaso equipaje en el motel-, me dirigí a la reserva. Cuando llegué sentí una reminiscencia de un recuerdo y una nostalgia invadió mi alma, sentí ese escalofrío que precede a algo maravilloso. Era volver a casa y sentir en el aire al Gran Espíritu, Wakan Tanka.

Había mucha gente, se preparaban para la gran Asamblea donde reclamaban respeto y justicia por sus derechos y sus tierras. Un nativo -me comentó-, que al día siguiente habría una ceremonia ritual en memoria de los hombres que habían dado su vida para salvar a la Madre Tierra y para restablecer el honor de las personas que habían sido violadas y masacradas con el único fin de hacer una limpieza étnica de la raza roja y robar sus tierras.

Al otro día, cuando el sol comenzaba su saludo matinal regresé a la reserva, me sentía nerviosa y excitada al mismo tiempo. Entré en el recinto donde se celebraba la ceremonia. Sentada con profundo recogimiento, esperé a que empezara la danza. Cuando sonó el tambor, se hizo un silencio atronador, un hombre vestido de águila, simbolizando la libertad empezó a bailar su danza sagrada; cuando terminó, la cadencia del sonido del tambor se unió a unas palabras vivas de agradecimiento por esas almas que dieron sus vidas por la libertad y para proteger a la madre Tierra. Poco a poco, los nativos se fueron reuniendo en el centro, empezando a bailar en círculo para mostrar su respeto. Un escalofrío inmenso me atravesó y mis ojos se llenaron de dulces lágrimas, de recuerdos lejanos y nostalgia de un pasado.

Me sentí transportada y me uní a ese baile sagrado al son del tambor. ¡Qué maravillosa sensación flotaba en el aire! Me sentía libre como el águila que vuela alto y todo lo ve desde su espacio. La ceremonia duró varias horas; después me dirigí hacia un arroyo cercano y me senté sobre la tierra; sentía que formaba parte de todo, era agua, aire, tierra, águila, espíritu…, un nativo vino a sentarse a mi lado, silencioso y respetuoso.

Al cabo de unos momentos, dijo: “en la vida buscamos donde no debemos; nos rodeamos de personas que es mejor que estén alejadas; hacemos trabajos que solo nos proporcionan dinero pero no bienestar; vivimos para poseer y no disfrutar; queremos amar pero solo poseemos; damos abrazos físicos pero no del alma; huimos del silencio y caemos en el ruido del ego; destruimos a la Madre Tierra y sin ella moriremos; matamos a nuestros hermanos y todos morimos con ellos; seguimos provocando éxodos y más éxodos, de ellos la historia está llena, los seres humanos no pueden vivir si no tienen un país”. Entre brumas veía como sus palabras creaban esos escenarios y mi alma sentía una profunda tristeza y mis ojos bañaban la tierra de amargas lágrimas.

Lo observé y, por primera vez, vi a un ser atemporal, cara de mil pliegues y ojos infinitos que miran más allá del alma, ojos llenos de tristeza y de amor al mismo tiempo.

–“Las ideas no pueden destruirse porque no existen materialmente, hacen falta acciones para sus manifestaciones. Existe una miopía intelectual en cuanto a la Naturaleza, al Ser Humano y a sus espacios compartidos; siempre estamos intentando separarlos cuando no podemos porque son indivisibles” -comentaba. Muchas preguntas se amontonaron en mi espíritu y sentía como la puerta de mi corazón se abría hacia Wakan Tanka, el Gran Espíritu.

–“Has venido para encontrar respuestas, eres valiente por enfrentarte a tus preguntas en el silencio y dejando que afloren recuerdos y nostalgia de un tiempo pasado que te ayudará en el presente a cambiar tu vida. Como te dije, las ideas no pueden destruirse por eso es primordial que luches por tus ideales, vendrán malos vientos y tormentas donde perderás tu horizonte; nacerá la confusión y la autocompasión que no son buenas compañeras; solo luchando por lo que crees conocerás tus particularidades y podrás escribir tu autobiografía y esculpir con cristales de roca tu nueva vida”.

–“Para defender tus ideales debes conocerte y haber salido victoriosa de experiencias dolorosas, solo así habrás desarrollado la empatía que te llevará a comprender, que no a evitar, las mediocridades de las personas; defender tus ideales te llevará a hacer valer, respetar, mirar a los ojos y no vacilar con los compromisos adquiridos, tanto a nivel individual como social, siendo firme y respetuosa pero luchando en la no-violencia; así sabrás que luchando por tus ideales sembrarás semillas de luz que nunca se apagarán y siempre estarán ahí; otras personas recogerán el testigo y podrán seguir defendiendo los ideales de paz y libertad que forman parte de nuestra Humanidad y de la Madre Tierra. Solo así podremos juntos avanzar, amando y respetando, bailando al son del tambor y, sobre todo, siendo libres como hombres y mujeres que se unen en un abrazo de dos almas y no se pisotean entre pasiones desbocadas”.

–“La tristeza aparece cuando hay incomprensión porque el comportamiento se vuelve hostil y mediocre, por eso es importante que tus pasos te guíen hacia tu destino. Muchas personas pasarán por tu vida, algunas te acompañarán en tus aventuras y otras en tus desventuras, pero solo unas cuantas merecerán recuerdos que te llenarán el corazón con sonrisas y calor”.

Me siento flotar, ligera y serena, es como despertar de un sueño alegre. Me vuelvo para darle las gracias pero el nativo se había ido. Me quedo oyendo el murmullo del río, y con gran tristeza tengo que despedirme de esa reminiscencia de mi pasado y volver al bullicio de mi vida. Algo ha cambiado en mi interior, un loto blanco se ha abierto y se expande a través de mi corazón, dándome fuerza y coraje para enfrentarme a la lucha por mis ideales.

“Siembra respeto y libertad, lucha en las aventuras y en las desventuras para defender tus ideales”. Palabras que suenan en mi alma mientras el avión me traía de vuelta a casa. Nunca me dijo su nombre porque era el suave murmullo del agua.


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