El murmullo del agua

Actualizado: abr 6

Ángeles Carretero Casar

Un manto invisible de inconformidad me envolvía desde hacía un tiempo... Aprovechando la invitación de Mikael, mi amigo de Washington, no lo dudé ni un instante y a los pocos días, me presenté en su casa. Pasamos unos días yendo de aquí para allá, encuentros con amigos y anudando más nuestra amistad con complicidad y abriendo más nuestros corazones.

Una mañana antes de que el horizonte empezara a teñirse de púrpura me desperté y salí a la terraza a ver las estrellas y esperé hasta que el manto de tonos naranjas y fresas se desplegara en un tierno y bello amanecer. Volví a sentir como me atrapaba esa sensación de inconformidad. Necesito ir a ese lugar donde el espíritu se oye a través del silencio, pero no sabía adónde debía dirigir mis pasos. Hablé con Mikael y le abrí mi alma, le conté esa sensación de estar fuera de lugar, de estar en ninguna parte. “Conozco a un chamán que, tal vez, pueda ayudarte” me comentó Mikael, conocía mi gran afinidad y respeto por la cultura y filosofía de los nativos indios americanos.

–“Hay una reserva en Virginia y he arreglado todo para que vayas”, me dijo. Sentí esa alegría tan peculiar que precede a ese momento de saber que pronto estaría donde debería estar.

Al día siguiente, con gran nerviosismo y exaltación -y después de haber dejado mi escaso equipaje en el motel-, me dirigí a la reserva. Cuando llegué sentí una reminiscencia de un recuerdo y una nostalgia invadió mi alma, sentí ese escalofrío que precede a algo maravilloso. Era volver a casa y sentir en el aire al Gran Espíritu, Wakan Tanka.

Había mucha gente, se preparaban para la gran Asamblea donde reclamaban respeto y justicia por sus derechos y sus tierras. Un nativo -me comentó-, que al día siguiente habría una ceremonia ritual en memoria de los hombres que habían dado su vida para salvar a la Madre Tierra y para restablecer el honor de las personas que habían sido violadas y masacradas con el único fin de hacer una limpieza étnica de la raza roja y robar sus tierras.

Al otro día, cuando el sol comenzaba su saludo matinal regresé a la reserva, me sentía nerviosa y excitada al mismo tiempo. Entré en el recinto donde se celebraba la ceremonia. Sentada con profundo recogimiento, esperé a que empezara la danza. Cuando sonó el tambor, se hizo un silencio atronador, un hombre vestido de águila, simbolizando la libertad empezó a bailar su danza sagrada; cuando terminó, la cadencia del sonido del tambor se unió a unas palabras vivas de agradecimiento por esas almas que dieron sus vidas por la libertad y para proteger a la madre Tierra. Poco a poco, los nativos se fueron reuniendo en el centro, empezando a bailar en círculo para mostrar su respeto. Un escalofrío inmenso me atravesó y mis ojos se llenaron de dulces lágrimas, de recuerdos lejanos y nostalgia de un pasado.

Me sentí transportada y me uní a ese baile sagrado al son del tambor. ¡Qué maravillosa sensación flotaba en el aire! Me sentía libre como el águila que vuela alto y todo lo ve desde su espacio. La ceremonia duró varias horas; después me dirigí hacia un arroyo cercano y me senté sobre la tierra; sentía que formaba parte de todo, era agua, aire, tierra, águila, espíritu…, un nativo vino a sentarse a mi lado, silencioso y respetuoso.

Al cabo de unos momentos, dijo: “en la vida buscamos donde no debemos; nos rodeamos de personas que es mejor que estén alejadas; hacemos trabajos que solo nos proporcionan dinero pero no bienestar; vivimos para poseer y no disfrutar; queremos amar pero solo poseemos; damos abrazos físicos pero no del alma; huimos del silencio y caemos en el ruido del ego; destruimos a la Madre Tierra y sin ella moriremos; matamos a nuestros hermanos y todos morimos con ellos; seguimos provocando éxodos y más éxodos, de ellos la historia está llena, los seres humanos no pueden vivir si no tienen un país”. Entre brumas veía como sus palabras creaban esos escenarios y mi alma sentía una profunda tristeza y mis ojos bañaban la tierra de amargas lágrimas.

Lo observé y, por primera vez, vi a un ser atemporal, cara de mil pliegues y ojos infinitos que miran más allá del alma, ojos llenos de tristeza y de amor al mismo tiempo.

–“Las ideas no pueden destruirse porque no existen materialmente, hacen falta acciones para sus manifestaciones. Existe una miopía intelectual en cuanto a la Naturaleza, al Ser Humano y a sus espacios compartidos; siempre estamos intentando separarlos cuando no podemos porque son indivisibles” -comentaba. Muchas preguntas se amontonaron en mi espíritu y sentía como la puerta de mi corazón se abría hacia Wakan Tanka, el Gran Espíritu.

–“Has venido para encontrar respuestas, eres valiente por enfrentarte a tus preguntas en el silencio y dejando que afloren recuerdos y nostalgia de un tiempo pasado que te ayudará en el presente a cambiar tu vida. Como te dije, las ideas no pueden destruirse por eso es primordial que luches por tus ideales, vendrán malos vientos y tormentas donde perderás tu horizonte; nacerá la confusión y la autocompasión que no son buenas compañeras; solo luchando por lo que crees conocerás tus particularidades y podrás escribir tu autobiografía y esculpir con cristales de roca tu nueva vida”.

–“Para defender tus ideales debes conocerte y haber salido victoriosa de experiencias dolorosas, solo así habrás desarrollado la empatía que te llevará a comprender, que no a evitar, las mediocridades de las personas; defender tus ideales te llevará a hacer valer, respetar, mirar a los ojos y no vacilar con los compromisos adquiridos, tanto a nivel individual como social, siendo firme y respetuosa pero luchando en la no-violencia; así sabrás que luchando por tus ideales sembrarás semillas de luz que nunca se apagarán y siempre estarán ahí; otras personas recogerán el testigo y podrán seguir defendiendo los ideales de paz y libertad que forman parte de nuestra Humanidad y de la Madre Tierra. Solo así podremos juntos avanzar, amando y respetando, bailando al son del tambor y, sobre todo, siendo libres como hombres y mujeres que se unen en un abrazo de dos almas y no se pisotean entre pasiones desbocadas”.

–“La tristeza aparece cuando hay incomprensión porque el comportamiento se vuelve hostil y mediocre, por eso es importante que tus pasos te guíen hacia tu destino. Muchas personas pasarán por tu vida, algunas te acompañarán en tus aventuras y otras en tus desventuras, pero solo unas cuantas merecerán recuerdos que te llenarán el corazón con sonrisas y calor”.

Me siento flotar, ligera y serena, es como despertar de un sueño alegre. Me vuelvo para darle las gracias pero el nativo se había ido. Me quedo oyendo el murmullo del río, y con gran tristeza tengo que despedirme de esa reminiscencia de mi pasado y volver al bullicio de mi vida. Algo ha cambiado en mi interior, un loto blanco se ha abierto y se expande a través de mi corazón, dándome fuerza y coraje para enfrentarme a la lucha por mis ideales.

“Siembra respeto y libertad, lucha en las aventuras y en las desventuras para defender tus ideales”. Palabras que suenan en mi alma mientras el avión me traía de vuelta a casa. Nunca me dijo su nombre porque era el suave murmullo del agua.


Si te ha gustado, dale a "Me Gusta" y comenta. Gracias


2 vistas